CORRE. CORRE. SIEMPRE CORRE.

¿Estamos corriendo tras algo o queremos escapar de ello?

En nuestra infancia, todos jugábamos a “atrápame si puedes”. Todos los niños, e incluso los adolescentes, nunca se cansaron de eso. Nos gustaba correr uno detrás del otro, con ganas de atraparlos. Y curiosamente, con la misma intensidad de adrenalina, también nos gustaba salir corriendo y hacer todo lo posible por escapar… Pero ¿hasta cuándo? ¡En algún momento, también nos gustaría ser finalmente atrapados! ¡Qué paradoja!

Cuando crecemos, ya no jugamos a este juego, lo hemos olvidado o simplemente ya no queremos correr. Sin embargo, siempre “corremos” de cierta manera. Corremos detrás de las cosas y tratamos de huir o escapar de los demás. ¿Cuáles? Todos difieren en este punto. Sin embargo, es necesario ser consciente de ello, porque es nuestro tiempo y nuestra energía lo que consumimos durante esta “carrera”.

Antes nos divertíamos, nos reíamos. Ahora, ya no nos divertimos y nos reímos menos. A menudo nos olvidamos de tomarnos un tiempo para nosotros mismos, o de hacer lo que nos hace felices, como en los viejos tiempos, cuando éramos niños. Hoy en día, estamos estresados. No paramos, siempre estamos ocupados. La lista de tareas pendientes nunca termina... ¡y puede que nunca termine! Es hora de reducir la velocidad y echar un vistazo más de cerca a lo que nos preocupa.

A veces es más fácil ignorar nuestro deber que enfrentarlo y cumplirlo. Todos tenemos uno o más talentos esperando ser revelados y compartidos. Es nuestra responsabilidad descubrirlos, para que todos podamos beneficiarnos de ellos. No hay tiempo que perder. Yo mismo todavía estoy aprendiendo a usar mi tiempo sabiamente, porque el Tiempo no espera. Él no espera a nadie.

Escrito e ilustrado por Laetitia R.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *